Reina de los cielos, Madre del señor,
Madre mía y de mi corazón.
Grandiosa persona, magnifico ser,
Con gran santidad, y paz en tu poseer.
Tú eres la vida, dulzura y amor,
Y la salvación, en cualquier mar de desesperación.
He aquí María con tu inmensa bondad,
Paz, alegría y serenidad.
Faro de todo barco perdido,
Que te encuentra hasta en los rincones más escondidos,
Consigo lleva un gran corazón, y la llave a la salvación.
De todas las flores que me tope en el camino,
Habia una muy peculiar, era tan blanca que con la luz del sol, parecía abrazar.
Nube blanca, que lleva consigo a cualquier aparición,
Paradas hace al camino e invita a seguir al señor.
Muchos hombres te siguen a ti, y consiguen el perdón,
En aquellos momentos que hacen oración.
Gracias Madre mía, por tocar mi corazón, con tu luz tan blanca y con todo tu amor,
Grandiosa Madre y grandiosa mujer,
En ti se allá, la razón de mi ser.
Por: Rodrigo Bran / 4to Bach